Colocado mi laúd sobre la mesa,
lánguido, me siento, en la emoción inmerso.
¿Para qué molestarme en tocar las cuerdas?
Cantan solas acariciadas por el céfiro.
Texto original
「琴」
白居易
置琴曲机上,慵坐但含情。
何烦故挥弄,风弦自有声。
Antigua práctica
A lo largo de su vida, Bai Juyi amó, comprendió y dominó el arte del laúd, mencionando con frecuencia tanto el instrumento como la música en sus poemas y escritos. Aunque breve, este poema está impregnado de una sabiduría zen y profundidad filosófica, reflejando la comprensión única del poeta sobre el arte del laúd, la naturaleza y su perspectiva personal de la vida. Al utilizar el laúd como metáfora de sus ideales, el poeta expresa su desdén por los sonidos ornamentados y superficiales, mientras celebra la sinfonía de la naturaleza, revelando una mentalidad tranquila y profunda que rehúsa seguir la corriente. Se cree que este poema fue escrito en los últimos años de Bai Juyi, después de retirarse de la vida pública para sumergirse en la belleza de los paisajes, viviendo con un sentido de desapego de los asuntos mundanos. Así, el poema transmite un tono sereno y despreocupado que trasciende las preocupaciones mundanas.
Primer dístico: «置琴曲机上,慵坐但含情。»
Zhì qín qū jī shàng, yōng zuò dàn hán qíng.
Coloco el laúd sobre la mesa curva; / ocioso me siento, solo conteniendo sentimiento.
El inicio describe una escena casi estática, introspectiva. "Coloco el laúd" es la culminación de una acción; el laúd pasa de ser un instrumento para tocar a un objeto de contemplación serena. "Mesa curva" sugiere un ambiente refinado y libre de convenciones. "Ocioso me siento, solo conteniendo sentimiento" es la esencia del verso: "ocioso me siento" es una postura corporal que abandona la acción proactiva, liberándose de la intención de actuar; "solo conteniendo sentimiento" revela el estado interior: este "sentimiento" no es pasión desbordada, sino una contemplación serena y profunda que lo abarca todo y espera el momento adecuado para manifestarse; es la comunicación profunda, en el silencio, entre el corazón y el objeto (el laúd). La relación del poeta con el laúd cambia de la actividad de "la persona que toca el laúd" a la espera serena de "la persona que contempla el laúd", preparando el terreno para el giro filosófico siguiente.
Segundo dístico: «何烦故挥弄,风弦自有声。»
Hé fán gù huī nòng, fēng xián zì yǒu shēng.
¿Por qué molestarse en tañer y puntear a propósito? / El viento en las cuerdas, por sí mismo tiene sonido.
Este dístico, con una pregunta retórica llena de ingenio y una afirmación categórica, revela el tema central del poema, elevando su significado a un nivel filosófico. "¿Por qué molestarse en tañer y puntear a propósito?" es una pregunta crítica dirigida a la visión artística mundana e incluso a la actitud vital. Los caracteres "molestarse" y "a propósito" tienen un peso abrumador: "molestarse" se refiere a la perturbación artificial, a lo forzado; "a propósito" a la acción con un propósito, afectada. "Tañer y puntear", es decir, tocar, adquiere en este contexto una connotación despectiva de alarde técnico y deseo de agradar. El poeta rechaza completamente este "hacer" cargado de fuerte intervención subjetiva y fines utilitarios. Luego, "El viento en las cuerdas, por sí mismo tiene sonido" propone un nuevo ideal estético, impregnado de taoísmo y zen: el "viento" es una fuerza natural, espontánea, que llega sin ser invitada; las "cuerdas" son el instrumento, el medio receptivo; "por sí mismo tiene sonido" es el sonido natural que surge de la conjunción de causas y condiciones. Este sonido no resuena para el hombre; es el estado original que se manifiesta libremente cuando el aliento del universo (el viento) se encuentra con el objeto (las cuerdas). Trasciende la dualidad sujeto-objeto de "hombre-laúd" y entra en el estado transformador de la unidad indiferenciada entre "cielo (viento) - objeto (cuerdas) - sonido".
Análisis Integral
Este jueju (cuarteto de cinco caracteres) es una minúscula poética que deconstruye la visión artística tradicional y construye una estética natural. La estructura del poema presenta una lógica clara de "suspensión - negación - revelación": el primer verso, "coloco el laúd", es la suspensión de la acción (cesar la interpretación habitual); el segundo verso, "ocioso me siento, solo conteniendo sentimiento", es la preparación del estado anímico (entrar en la contemplación serena); el tercer verso, "¿por qué molestarse en tañer y puntear a propósito?", es el rechazo categórico de la técnica artificial; el verso final, "el viento en las cuerdas, por sí mismo tiene sonido", es la revelación suprema del más alto estado del arte (lo natural y espontáneo). Cuatro versos que completan un vuelo espiritual de lo "artificial" a lo "espontáneo", del "sonido humano" al "sonido celestial". En el poema, el "laúd" no es solo un instrumento, sino una metáfora de todo arte e incluso de la conducta vital; "el viento en las cuerdas, por sí mismo tiene sonido" simboliza ese estado de existencia y creación perfectamente autosuficiente e inesperado que surge cuando el hombre abandona la astucia y la afectación, sometiéndose completamente a la naturaleza. Lo sutil de este poema es que integra por completo una profunda reflexión filosófica en una escena cotidiana de contemplación ociosa de un laúd, logrando la perfecta unidad de significado conceptual y sabor poético.
Recursos Estilísticos
- Uso filosófico de conceptos opuestos: La tensión central del poema se basa en varios grupos de conceptos opuestos: "colocar" (inacción) versus "tañer y puntear" (acción); "sentarse ocioso" (no intervención) versus "a propósito" (intencionalidad); "el hombre tañe" (artificial) versus "el viento tiene sonido" (natural). Al negar los primeros y afirmar los segundos, se transmite claramente la filosofía estética y vital del poeta.
- Cadena simbólica de imágenes: "Laúd" - "hombre" - "viento" - "sonido" forman una cadena simbólica concisa y profunda. El laúd es el vehículo del arte; el hombre, el sujeto tradicional; el viento, el camino natural; el sonido, la manifestación del camino. El centro de gravedad de la cadena se desplaza de "hombre-laúd" a "viento-cuerdas", ilustrando vívidamente el cambio en la fuente del más alto estado del arte.
- Lenguaje decisivo y etéreo: "¿Por qué molestarse…?" tiene un tono resuelto, lleno de desdén y trascendencia; "por sí mismo tiene sonido" rebosa confianza y serenidad, revelando un estado autosuficiente, que no busca fuera. El lenguaje es extremadamente conciso, pero tanto la fuerza de la negación como la de la afirmación son plenas, creando una gran tensión.
- Uso de escenas concretas para albergar principios abstractos: En todo el poema no hay una sola línea de razonamiento abstracto; todo el pensamiento filosófico se deposita en acciones y objetos concretos como "colocar el laúd", "sentarse ocioso", "viento en las cuerdas", permitiendo al lector comprender por sí mismo a partir de la imagen y la situación, logrando maravillosamente el estado zen de "no seguir el camino de la razón, no caer en la red de las palabras".
Reflexiones
Este poema es la cristalización de la filosofía artística y la sabiduría vital de Bai Juyi. Trasciende la discusión sobre la habilidad con el laúd en sí, apuntando directamente al misterio central de toda actividad creativa: la verdadera creación a menudo no reside en la elaboración deliberada de "sumar", sino en "restar" el soltar y esperar, en dejar espacio para que pase el "viento" (inspiración, oportunidad, camino natural). El poeta nos revela que, ya sea en el arte, el trabajo o la vida, cuando dependemos excesivamente de la técnica, el propósito y la manipulación artificial, podemos perder la fuerza más auténtica y conmovedora.
En la época contemporánea, que venera la intervención activa, la eficiencia suprema y el constante "tañer y puntear", este poema actúa como un antídoto de lucidez. Nos invita a reflexionar: ¿Nos "molestamos" en demasiado "tañer y puntear a propósito" —en esas demostraciones forzadas, búsquedas utilitarias y ajetreo incesante? ¿Podemos aún, en la contemplación serena de "ocioso me siento, solo conteniendo sentimiento", recuperar la concentración interior y la capacidad de espera? ¿Podemos aún confiar y escuchar esos momentos en que "el viento en las cuerdas, por sí mismo tiene sonido" —esos momentos de inspiración y oportunidad que surgen, sin planificación deliberada, de la armonía interior y la resonancia con la naturaleza?
Bai Juyi, a través de un laúd, nos dice que el más alto arte de vivir quizás reside en saber cuándo "colocar el laúd" sobre la mesa, cuándo "sentarse ocioso" conteniendo sentimiento, y finalmente tener el valor y la sabiduría de confiar en ese camino natural que "por sí mismo tiene sonido". Esta es una forma de "actuar a través de la no-acción" llena de sabiduría oriental, el secreto profundo para mantener la paz interior y la vitalidad creativa en un mundo bullicioso.
Traductor
Chen Guojian(陈国坚)
Sobre el poeta

Bai Ju-yi (白居易), 772 - 846 d.C., era natural de Taiyuan, Shanxi, y más tarde emigró a Weinan, Shaanxi. Bai Juyi fue el poeta más prolífico de la dinastía Tang, con poemas en las categorías de oráculos satíricos, ociosidad, sentimentalismo y ritmos misceláneos, y el poeta más influyente después de Li Bai y Du Fu.