Escrito al Regresar a la Montaña Song de Wang Wei

gui song shan zuo
Un arroyo diáfano serpea entre cañaverales.
Mi carroza, meciéndose, va sin prisx
Las aguas ondeantes me saludan con cariño,
Aves crepusculares, en bandada, me acompañan.

EI desierto pueblo mira al antiguo embarcadero.
La luz del poniente inunda los cerros de otoño.
Al pie de la altanera montaña,
ya en casa, cierro la puerta al mundo.

Texto original

「归嵩山作」
清川带长薄,车马去闲闲。
流水如有意,暮禽相与还。
荒城临古渡,落日满秋山。
迢递嵩高下,归来且闭关。

王维

Antigua práctica

A lo largo de su vida, Wang Wei demostró una profunda sensibilidad hacia la naturaleza y una maestría en la descripción de procesos dinámicos. Sin embargo, este poema representa un punto de inflexión crucial, donde esa sensibilidad se matiza con una serena introspección y un tono filosófico. Compuesto en el otoño del 734, tras el luto por su madre y al renunciar a su cargo para retirarse al Monte Song, el poeta utiliza el marco de un viaje de regreso concreto para registrar minuciosamente una migración en términos de geografía espiritual, del "ejercicio oficial" al "retiro", del "mundo" al "más allá". Los ocho versos del poema son como un largo rollo paisajístico cuyos trazos pasan de expansivos y claros a vigorosos y brumosos, y cuyos colores transitan de diáfanos a sombríos. En el desplazamiento espacial y el paso del tiempo, presenta de manera completa el complejo proceso interior de un letrado que se despoja de su identidad social, regresa a la autenticidad natural y finalmente se asienta en su tierra espiritual originaria.

Primer pareado: «清川带长薄,车马去闲闲。»
Qīng chuān dài cháng bó, chē mǎ qù xián xián.
Un arroyo claro ciñe riberas largas y tupidas; / mi carruaje y caballo parten, tranquilos, sin prisa.

El inicio establece el tono sereno y firme de todo el poema. «Un arroyo claro ciñe riberas largas y tupidas» es una composición natural estática y bella, que metaforiza la pureza y frondosidad anheladas por el alma. «Mi carruaje y caballo parten, tranquilos, sin prisa» es la autorrepresentación dinámica y sosegada. Las palabras «tranquilos, sin prisa» (闲闲) no denotan pereza, sino una actitud serena despojada de fines utilitarios y ansiedad temporal, la manifestación externa de un espíritu que ha recuperado su autonomía. El carruaje y el caballo, símbolos del ajetreo mundano, aquí «parten, tranquilos, sin prisa», sugiriendo el cambio de naturaleza de este viaje: no es una carrera hacia algo, sino un regreso; no un avance, sino un repliegue.

Segundo pareado: «流水如有意,暮禽相与还。»
Liú shuǐ rú yǒu yì, mù qín xiāng yǔ huán.
El agua que fluye parece tener intención; / los pájaros del atardecer vuelven juntos en compañía.

Este pareado personifica la naturaleza para construir un universo lleno de calidez y resonancia. «El agua que fluye parece tener intención» es empatía, y es más aún el descubrimiento de la afinidad entre el ritmo interno de la naturaleza y el corazón humano: el fluir del agua se ajusta en secreto a la voluntad de reclusión. «Los pájaros del atardecer vuelven juntos en compañía» utiliza una alusión a Tao Yuanming, señalando el tema del «regreso». El «vuelven juntos» de los pájaros contrasta con el poeta como «regresante solitario», acentuando un dejo de soledad, pero también proporciona un consuelo y una confirmación provenientes del orden natural: todas las cosas tienen su retorno, y yo también. Aquí, el poeta establece una alianza espiritual con el agua corriente y los pájaros del atardecer.

Tercer pareado: «荒城临古渡,落日满秋山。»
Huāng chéng lín gǔ dù, luò rì mǎn qiū shān.
Una ciudad desolada mira hacia el antiguo vado; / el sol poniente inunda los montes otoñales.

A mitad del camino, el paisaje y el estado de ánimo cambian abruptamente, siendo el giro y la profundización emocional de todo el poema. «Ciudad desolada» y «antiguo vado» son imágenes de ruinas históricas y civilizatorias, simbolizando la ilusión y fugacidad del esplendor mundano que el poeta deja atrás (o ha visto a través). «El sol poniente inunda los montes otoñales», con su escena inmensamente vasta, cálida y a la vez trágica, sitúa el viaje personal de regreso bajo un trasfondo temporal y espacial cósmico. El carácter «inunda» (满) posee una gran tensión: es tanto la saturación de la luz como la penetración difusa de una sensación desolada y solitaria. Los montes otoñales ya son de por sí mustios, el sol poniente añade inmensidad; la sublime belleza de este momento encierra un profundo lamento por el ocaso del esplendor y la vida que se acerca al crepúsculo.

Cuarto pareado: «迢递嵩高下,归来且闭关。»
Tiáodì Sōng gāo xià, guī lái qiě bì guān.
Lejanos, a los pies del alto Monte Song; / vuelto, pues, cerraré mi puerta.

La conclusión llega al destino geográfico y al punto de partida espiritual. «Lejanos» (迢递) habla tanto de la lejanía del camino como metaforiza la pureza del ideal y la dificultad del regreso. «A los pies del alto Monte Song» es la llegada espacial, y es más aún la conversión a un símbolo cultural (el Monte Song es un lugar sagrado de la tradición eremítica). «Vuelto, pues, cerraré mi puerta» es la declaración última de acción y postura vital. Las dos palabras «cerraré mi puerta» (闭关) son decisivas y claras: no es solo reclusión física, sino un cierre y giro del corazón-mente: cerrar la puerta a los disturbios externos, abrir el viaje de la introspección y el cultivo de la naturaleza interior. Esta «puerta» no es un muro de confinamiento, sino una barrera que protege un reino de claridad.

Análisis Integral

Este es un «registro de domesticación espiritual» de estructura rigurosa, cuyo fluir emocional es como la respiración natural. Los cuatro pareados corresponden precisamente a cuatro etapas psicológicas del viaje de regreso: el primero es la «partida serena» (tranquilos, sin prisa); el segundo, el «camino resonante» (parece tener intención, vuelven juntos); el tercero, la «contemplación vasta y brumosa» (desolada, antiguo, sol poniente, otoño); y el cuarto, el «asentamiento resuelto» (vuelto, cerraré mi puerta). La emoción va de la paz y el contento, pasa por la desolación y la pena, para finalmente retornar a la calma y la determinación, completando un proceso integral de «purificación» y «sublimación».

La profundidad de Wang Wei radica en no retratar la reclusión como una huida triunfal, pura y llena de luz. Las desoladas imágenes de «ciudad desolada, antiguo vado» y «sol poniente inunda los montos otoñales» exponen honestamente la inevitable sensación de soledad y conciencia trágica al despedirse del pasado y enfrentar lo desconocido. Es precisamente esta verdad que no elude la complejidad lo que hace que el final, «pues, cerraré mi puerta», no sea una evasión frívola, sino una elección racional y una muestra de valentía vital tras experimentar conmociones emocionales y una reflexión profunda. La reclusión se convierte aquí en una asumición lúcida —asumir la soledad, asumir el silencio, y también asumir la responsabilidad total por la propia vida.

Recursos Estilísticos

  • Secuencia de imágenes y reflejo del camino interior: Arroyo claro, riberas largas y tupidas (luminosidad y pureza) → Agua que fluye, pájaros del atardecer (calidez) → Ciudad desolada, antiguo vado, sol poniente, montes otoñales (desolación) → Alto Monte Song, cerrar la puerta (sublime, resuelto). Esta disposición cuidadosa de imágenes corresponde y externaliza con precisión la curva de cambio en el estado de ánimo interior del poeta, siendo un ejemplo de que «todo lenguaje descriptivo del paisaje es lenguaje del sentimiento».
  • Uso emocional de verbos y adjetivos: «Cifñe» (ceñir), «parten, tranquilos, sin prisa» (partir con serenidad), «parece tener intención» (dotar de espíritu), «vuelven juntos en compañía» (resonancia íntima), «mira hacia» (desolada confrontación), «inunda» (trágica saturación). Estas palabras, al describir el mundo exterior, están profundamente impregnadas del color emocional del observador.
  • Tensión temporal-espacial en el paralelismo: En el segundo pareado, «agua que fluye» se opone a «pájaros del atardecer» (objetos naturales), «parece tener intención» a «vuelven juntos en compañía» (estado emocional). En el tercer pareado, «ciudad desolada» se opone a «sol poniente» (decadencia y desvanecimiento), «mira hacia el antiguo vado» a «inunda los montes otoñales» (especificidad versus difusión en el espacio). Dentro del paralelismo equilibrado se contiene una sensación fluyente del tiempo y una vasta sensación del espacio, sosteniendo la grandiosa estructura del poema.
  • Brevidad del verso final y concentración de fuerza: Los cinco caracteres de «vuelto, pues, cerraré mi puerta» forman una frase corta, de tono decisivo, cuyo ritmo contrasta marcadamente con el ritmo relativamente más pausado de los tres pareados anteriores. Este cambio abrupto en el ritmo refuerza el peso de la determinación y fija la postura, como el metal al golpear la piedra, con una reverberación persistente.

Reflexión

Este poema es un espejo para el alma que atraviesa milenios, reflejando a los espíritus de cada era que anhelan el «regreso». Nos enseña que el verdadero «regresar» no es necesariamente una migración geográfica, sino un proceso de limpieza interior, re-evaluación de valores y ajuste fundamental del ritmo de vida. Requiere la serenidad de «partir, tranquilos, sin prisa» para ver claramente lo que realmente importa (arroyo claro, riberas largas y tupidas); necesita experimentar el escrutinio vasto y brumoso similar a «ciudad desolada… sol poniente» para comprender la ilusión y los límites del pasado; finalmente, requiere el coraje de «cerraré mi puerta» —para demarcar para uno mismo un «Monte Song» espiritual en medio del bullicioso mundo y cultivar en él la profundidad de la vida.

En la sociedad moderna, quizás no podamos ni necesitemos retirarnos a bosques y montañas, pero aún podemos poner en práctica el espíritu de «vuelto, pues, cerraré mi puerta»: en el torrente de información, aprender a conceder al corazón-mente su ritmo «tranquilo, sin prisa»; en la persecución de lo utilitario, escuchar la llamada verdadera interior, como el «agua que fluye parece tener intención»; al enfrentar dificultades o cansancio, tener el valor de afrontar esa sensación desolada de «el sol poniente inunda los montes otoñales» y obtener fuerza de ella; y finalmente, en un momento dado, tomar la decisión propia de «cerrar la puerta»trazar límites, enfocarse hacia dentro, y proteger esa paz y creatividad más auténticas. Esto, quizás, es el legado más profundo que el viaje de regreso de Wang Wei al Monte Song deja a todos los caminantes modernos.

Traductor

Chen Guojian(陈国坚)

Sobre el poeta

Wang Wei

Wang Wei (王维), 701 - 761 d.C., era natural de Yuncheng, provincia de Shanxi. Wang Wei era un poeta de paisajes e idilios, y ésta es la impresión general que hoy en día se tiene de él y de sus poemas. Sus poemas de paisajes e idilios son de gran alcance en su imaginería y misteriosos en su significado, pero Wang Wei nunca llegó a ser realmente un hombre de paisajes e idilios.

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