Con la mitad de la primavera, medio año se ha esfumado;
lo que queda es un tenue esfuerzo por retener algo.
Marearme con estas flores mustias
es como paladear el licor del solsticio.
Con ansiosa mirada, levanto la copa que despide a la estación;
con mano diligente, agarro la escoba que barre los pétalos.
¡Ah, quién pudiera detener la corriente que huye al este,
y tenerla, año tras año, siempre entre sus palmas!
Texto original
「惜春 · 其二」
杜牧
春半年已除,其馀强为有。
即此醉残花,便同尝腊酒。
怅望送春杯,殷勤扫花帚。
谁为驻东流,年年长在手。
Antigua práctica
Este poema fue creado durante una importante etapa de transición en la vida y obra de Du Mu, aproximadamente entre mediados y finales de la década de 840 y principios de la de 850 d.C. Para entonces, el poeta ya había experimentado la vida en las secretarías de los gobiernos militares regionales del Jiangnan, había regresado a la corte sirviendo como censor imperial, suplente izquierdo y otros cargos, y se encontraba en el centro neurálgico político del Imperio Tang, con una conciencia más lúcida, aunque impotente, de las crisis profundas de la dinastía y de las limitaciones de su propia carrera oficial. Durante este período, el estilo poético de Du Mu fue gradualmente transitando desde el ímpetu juvenil y la claridad lingüística de sus primeros años hacia una expresión más sobria, conmovedora y profundamente reflexiva. Sus temas de creación se enfocaron cada vez más en la inevitabilidad del ascenso y caída históricos y en la finitud de la vida individual, formando una vasta "conciencia del tiempo".
Esta obra es precisamente la cristalización suprema de esa conciencia. En la tardía dinastía Tang, el espejismo del "resurgimiento" se desvanecía gradualmente, y toda la sociedad estaba impregnada de un presentimiento colectivo de que el esplendor era difícil de recuperar y la prosperidad estaba por extinguirse. Este estado de ánimo de la época se superpuso con la experiencia vital de Du Mu: sus aspiraciones frustradas y el paso de los años en la mediana edad, impulsándolo a cuestionar continuamente en su poesía la esencia del "fluir". Aunque titulado "Lamentar la primavera", su preocupación trasciende con creces el cambio estacional; intenta explorar un dilema central: ante la irreversible ley del tiempo, ¿qué significado y límites tienen la emoción, la voluntad y la acción humana? El poeta se sitúa en el punto nodal de gran tensión que es "la primavera a la mitad", utilizando esto como metáfora de la mitad del camino de la vida, el declive intermedio del imperio, e incluso el punto de inflexión en que todo lo bello pasa del esplendor a la decadencia, desplegando así una profunda reflexión sobre la existencia y la desaparición.
Primer pareado: «春半年已除,其馀强为有。»
Chūn bàn nián yǐ chú, qí yú qiǎng wéi yǒu.
La primavera, a la mitad, el año ya descontado; / lo que resta, apenas puede considerarse que existe.
El inicio completa, con un trazo sobrio, un "balance" del tiempo. El carácter "descontado" (chú) es como un cuchillo, con una clara sensación de corte y conclusión, sugiriendo que la desaparición del buen tiempo no es una suave transición, sino una privación categórica. "Apenas puede considerarse que existe" (qiǎng wéi yǒu) revela una verdad psicológica universal y sutil: cuando ha pasado la cúspide, la sensación de posesión de lo que queda suele ser frágil y con un toque de autoengaño. Esto no es solo una descripción de la luz primaveral, sino una perspicaz percepción del estado tras muchas "situaciones espléndidas" en la vida: esas continuaciones nominales a menudo están, en su interior, ya vacías.
Segundo pareado: «即此醉残花,便同尝腊酒。»
Jí cǐ zuì cán huā, biàn tóng cháng là jiǔ.
Precisamente en este momento, ebrio con flores marchitas, / es igual que saborear el vino de invierno.
Este pareado construye, mediante una sorprendente sinestesia sensorial, un desfase en la experiencia del tiempo. La "embriaguez" del final de la primavera debería asociarse con la melancolía en la cálida brisa, pero lo que rodea la lengua y garganta del poeta es la pesadez y desolación del "vino de invierno" (là jiǔ), propio del pleno invierno. Esto significa que su percepción interior de la estación va adelantada a la estación natural: cuando la apariencia próspera aún no se ha desvanecido por completo, el alma ya se ha sumergido de antemano en el invierno de la decadencia. Las "flores marchitas" son la decadencia en curso; el "vino de invierno" es la reserva acumulada en el pasado para resistir el frío intenso. Yuxtapuestos, metaforizan que el poeta consume las emociones y la voluntad acumuladas en tiempos pasados para enfrentar la inevitable desaparición presente.
Tercer pareado: «怅望送春杯,殷勤扫花帚。»
Chàng wàng sòng chūn bēi, yīnqín sǎo huā zhǒu.
Con mirada melancólica, alzo la copa para despedir la primavera; / pero con solicitud incansable, empuño la escoba para barrer las flores caídas.
El poeta plasma, mediante un conjunto de acciones contradictorias, el ritual típico humano ante la desaparición. La "copa para despedir la primavera" es un ritual espiritual de despedida, un acto lírico que intenta otorgar una forma solemne a la impermanencia; la "escoba para barrer las flores caídas" es una acción material de limpieza, un esfuerzo cotidiano por mantener ordenado y limpio el mundo presente. Este "mirar" y "barrer", uno abstracto, otro concreto, revela profundamente la incomodidad y dignidad de ser humano: debemos aceptar cognitiva y emocionalmente el hecho último de la "desaparición", pero no podemos dejar de contrarrestar, mediante acciones concretas, las huellas que deja. Ese "barrer con solicitud", precisamente por su futilidad, resalta aún más la profundidad de la "mirada melancólica".
Cuarto pareado: «谁为驻东流,年年长在手。»
Shuí wéi zhù dōng liú, nián nián cháng zài shǒu.
¿Quién puede detener esa corriente que fluye hacia el este, / para que año tras año permanezca constantemente en mi palma?
El pareado final lleva el ámbito poético a un horizonte filosófico vasto y desolado con una pregunta última, casi ingenua. "Corriente que fluye hacia el este" es símbolo del eterno e inmutable fluir del tiempo; "detener" es el anhelo insignificante pero obstinado del poder humano. "Año tras año permanezca constantemente en mi palma" es el deseo de moldear el tiempo, intangible y sin forma, en una entidad que pueda tocarse y sostenerse. Esta pregunta no tiene respuesta, ni la necesita. Su fuerza reside precisamente en la propia postura de preguntar, a sabiendas de su imposibilidad: concentra la común, trágica terquedad y profundidad del ser humano al enfrentar las grandiosas leyes del cosmos.
Análisis integral
Esta obra toma "lamentar la primavera" como punto de partida para completar una profunda exploración poética de la esencia del tiempo. El poeta construye un mundo de atmósfera lleno de tensión interna: el fluir externo de las estaciones y la percepción vital interna se desvían gravemente; el solemne ritual de despedida y el minúsculo objeto de la despedida forman un contraste chocante; el conocimiento lúcido y la incesante acción fútil se desgarran mutuamente.
La genialidad de Du Mu radica en que no se sumerge en la melancolía, sino que toma esta melancolía como punto de partida para la reflexión. A través de la extraña asociación de "ebrio con flores marchitas, como saborear vino de invierno", revela cómo el paso del tiempo distorsiona y remodela la experiencia interior humana; mediante el acto extremadamente cotidiano de "barrer las flores", ancla la ansiedad existencial (existential) grandiosa en una escena real concreta y sensible. Finalmente, ese suspiro de "¿quién puede detener esa corriente que fluye hacia el este?" trasciende el lamento personal para convertirse en un cuestionamiento colectivo sobre el dilema eterno de la finitud de la vida. Todo el poema tiene un lenguaje condensado al extremo, imágenes precisas y llenas de originalidad, infundiendo en el vocabulario y temas tradicionales una profunda reflexión filosófica y un peso emocional de marcado carácter personal, mostrando el estado maduro de su arte poético tardío: "profundo en el pensamiento, delicado en la emoción".
Recursos estilísticos
- Expresión aguda de la percepción del tiempo: El poeta abandona la descripción general de "fluir", utilizando en cambio una serie de verbos de gran fuerza y matiz de intervención subjetiva como "descontado" (chú, balance), "apenas" (qiǎng, forzado), "detener" (zhù, contener), transformando el paso abstracto del tiempo en un objeto que puede percibirse claramente e incluso intentarse resistir, reforzando enormemente la tensión especulativa del poema.
- Uso desplazado de la sinestesia sensorial: La asociación de "ebrio con flores marchitas" y "saborear vino de invierno" rompe la correspondencia convencional entre gusto, percepción y estación. Esta sinestesia no busca el brillo retórico, sino transmitir con precisión una usurpación de la secuencia temporal objetiva por la experiencia interior, expresando profundamente la percepción anticipada y el desfase psicológico del sujeto dentro de la corriente temporal.
- Presentación paradójica de los rituales cotidianos: El poema selecciona el par de acciones altamente cotidianas de "alzar la copa para despedir" y "empuñar la escoba para barrer". La primera es simbólica, un ritual dirigido a la nada; la segunda es práctica, un trabajo que maneja lo existente. Su yuxtaposición constituye un arte performativo lleno de significado filosófico, representando visualmente el tira y afloja eterno entre la despedida espiritual y el apego material ante la desaparición.
- Purificación de la imagen desde lo concreto a lo abstracto: Las imágenes del poema siguen una progresión lógica clara: desde "la primavera a la mitad" (etapa temporal) a "flores marchitas" (objeto decadente), luego a "corriente que fluye hacia el este" (símbolo eterno). Esta línea completa un proceso de sublimación desde un punto temporal concreto a la ley temporal universal, haciendo que el sentimiento personal de lamentar la primavera alcance finalmente un cuestionamiento metafísico sobre la esencia del tiempo.
Reflexiones
Esta obra revela profundamente la paradoja central en la relación entre el ser humano y el tiempo: somos a la vez criaturas del tiempo, viviendo dentro de su fluir, y disidentes perpetuos de él, intentando comprender, resistir e incluso controlar su dirección. La progresión mostrada en el poema, desde el reconocimiento lúcido de "apenas puede considerarse que existe", a la resistencia fútil de "barrer las flores", hasta la fantasía última de "detener la corriente hacia el este", se asemeja a un microcosmos del diálogo humano con el tiempo.
La lección que nos ofrece quizás sea: el significado de la vida no reside necesariamente en poder finalmente vencer al tiempo o hacer que lo bello permanezca. La verdadera dignidad y valor quizás se manifiesten precisamente en esa mirada lúcida de "mirada melancólica", en la acción obstinada de "barrer con solicitud", y en el valor de lanzar la pregunta "¿quién puede detener esa corriente que fluye hacia el este?" a sabiendas de su imposibilidad. Este apego, esfuerzo y reflexión mantenidos aún ante el trasfondo del fluir inevitable son precisamente la manera en que el ser humano establece coordenadas para su propia existencia en el río del tiempo. No puede detener la corriente hacia el este, pero puede hacer que cada instante que pasa deje un eco en el espíritu.
Sobre el poeta

Du Mu (杜牧), 803 - 853 d.C., era natural de Xi'an, provincia de Shaanxi. Fue uno de los poetas de finales de la dinastía Tang que tenía sus propias características especiales, y más tarde la gente llamó a Li Shangyin y Du Mu juntos "Pequeños Li y Du". Sus poemas son brillantes y fluidos, ricos en color y lustre, y sus siete poemas son particularmente emotivos.